domingo, 28 de enero de 2018

Solo te creeré si me dices lo que quiero oír

Por Michael Shermer

''Cuando los datos contradicen nuestras convicciones, solemos ignorarlos o manipularlos para adaptarlos a unas ideas preconcebidas. Así lo hacen los creacionistas, los antivacunas y los ‘conspiranoicos’ del 11-S''

 Supuesto avistamiento de un OVNI en Westall (Australia) en 1966.  Universal history Archive UIG (Getty)

¿Han notado que una persona siempre cambia de opinión cuando le presentan unos datos que contradicen sus convicciones más profundas? No, ¿verdad? Yo tampoco. Es más, da la impresión de que una persona cuando se le presentan pruebas abrumadoras en contra de lo que cree, se reafirma en sus opiniones. El motivo es que esos datos ponen en peligro su visión del mundo.

Los creacionistas, por ejemplo, rechazan las pruebas de la evolución que aportan los fósiles y el ADN porque les preocupa que los poderes laicos estén comiéndole terreno a la fe religiosa. Los enemigos de las vacunas desconfían de las grandes farmacéuticas y piensan que el dinero corrompe la medicina. Eso les lleva a defender que las vacunas causan autismo, pese a que el único estudio que relacionaba esas dos cosas fue desmentido en su día y su autor fue acusado de fraude. Quienes defienden las teorías de la conspiración en torno a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos se fijan en minucias como el punto de fusión del acero de los edificios del World Trade Center que hizo que se derrumbaran, porque creen que el Gobierno mentía y llevó a cabo operaciones encubiertas con el fin de crear un nuevo orden mundial.

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El Escéptico nº 46 y nº 47

Ya se pueden consultar en la web de la asociación ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, los nº 46 y 47 de la revista "El Escéptico".

Se trata de un especial con motivo del 20º aniversario del fallecimiento de Carl Sagan, y un anuario por los 30 años del nacimiento de la primera asociación escéptica española.

Accede al resto de números de la revista a través de la web de ARP-SAPC.

Si lo prefieres, puedes leer la revista a través del portal issuu, especializado en lectura on-line.

martes, 4 de abril de 2017

El Escéptico nº 45 (otoño 2016)

El nº 45 de la revista "El Escéptico", publicada por la asociación ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, ya se puede leer a través de su página web.

Correspondiente a otoño de 2016, este número recoge la última contribución de Sergio López Borgoñoz, fallecido tristemente en accidente, sobre el concepto de raza y sus implicaciones éticas. También contiene un amplio dossier que analiza el complejo mundo de las sectas. Incluye dos artículos sobre la experiencia de un médico con la homeopatía y la evolución del escepticismo portugués. Con las secciones habituales y la invitación a la participación en el II Concurso de relatos breves “Félix Ares de Blas” queda completado este número.

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sábado, 10 de septiembre de 2016

El Escéptico: nº 44 (anuario 2016)

El nº 44 de la revista "El Escéptico", publicada por la asociación ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, ya se puede leer a través de su página web.

Este número recoge la primera presentación en forma de anuario de la revista. Tras el editorial y la memoria de actividades de la asociación, correspondiente al período 2015-2016, se presentan trabajos que analizan desde focos diversos la utilización espuria de la ciencia, la conexión entre escepticismo y literatura y el uso de la magia para desmontar embustes. También se incluyen dos trabajos más, uno sobre la cohabitación en la universidad entre conocimiento científico y creencias paranormales, y otro sobre el papel de la filosofía en la formación del pensamiento crítico.

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miércoles, 24 de agosto de 2016

El triángulo de las Bermudas, o cómo crear un mito moderno desde la nada

Rara vez llegamos a conocer la semilla primigenia de los mitos de la antigüedad, cuya gestación queda para la interpretación de arqueólogos, antropólogos y psicoanalistas de lo pretérito, quienes intentan componen un árbol genealógico que enlace fábulas de diferentes culturas y épocas. Con dificultad encuentran, si es que la llegan encontrar, la raíz misma de las leyendas, que suele perderse en el irrecuperable ámbito de las tradiciones orales de hace siglos. Pero nuestra época tiene también sus propios mitos, y lo más fascinante es que ahora sí podemos rastrear su origen hasta un único incidente, o hacia un reducido ramillete de interpretaciones erróneas sobre ese incidente. Esto nos ayuda a entender cómo pudieron nacer las leyendas antiguas, pero también nos ayuda a conocer nuestro anhelo de prolongar el mundo mágico en el que la humanidad ha vivido durante miles de años, nuestro ansia por encontrar nuevas dimensiones en este previsible, mecánico y prosaico universo. Un buen ejemplo es el nacimiento del platillo volante como mito popular allá por 1947, cuando el aviador Kenneth Arnold afirmó haber visto varios objetos extraños que volaban trazando una trayectoria ondulante como la de «platillos sobre el agua». Cuando su testimonio fue aireado por la prensa, poco importó que Arnold hubiese descrito aeronaves con forma de ala delta y no redondas como discos. La expresión «platillos volantes» excitó la imaginación colectiva con tanto ímpetu que empezaron a proliferar los avistamientos de objetos circulares que no se parecían a los que él había visto. Pues bien, la mitología sobre el famoso Triángulo de las Bermudas nació y creció siguiendo un guion parecido, aunque con una diferencia: si el mito de los platillos volantes se convirtió en un fenómeno social a nivel mundial de un día para otro, el del Triángulo, como las viejas leyendas marineras, estuvo cociéndose a fuego lento en el horno de los equívocos durante más de dos décadas antes de que el mundo entero escuchase hablar sobre él. La posibilidad de que un ominoso polígono devorase aviones y barcos por efecto de fuerzas paranormales o de la inquietante actividad de traviesos alienígenas era algo demasiado atrayente como para no convertirse en un icono de la cultura popular.

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domingo, 13 de marzo de 2016

'Gente peligrosa', por Philipp Blom

Por Agustín García Simón
Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea.

Invitado por el propio barón D´Holbach, el entonces famoso actor y empresario teatral londinense, David Garrik, visitó París en los años 1763 y 1765. Asiduo del salón del barón, en una carta a un amigo escribió: “Nos reímos mucho en casa del barón (donde una vez cenaste) por la gente peligrosa que frecuento, siempre estoy en ese círculo”. La gente peligrosa no era otra que los frecuentes moradores del más radical de los salones parisienses en las décadas previas a la Revolución: Chez D´Holbach, el salón de Paul Henri Thiry D´Holbach, encarnación por antonomasia del ateísmo ilustrado, el “enemigo personal de Dios”, según le llamaban sus amigos. Dos veces por semana, el barón recibía a sus amigos en su casa, donde les ofrecía menús salidos de una cocina exquisita y el acompañamiento de una bodega espléndida. En el ambiente eufórico y bullicioso de tan gratas condiciones, los ilustrados radicales echaron las bases de un mundo nuevo, que tenía que erradicar de cuajo la opresión alienante de la religión y sus dioses, y sustituir sus sombras de sumisión por la luz de la razón, la ciencia y la materia. Tanto tiempo después, en plena confusión intelectual y cultural, en medio de un océano de impostura y banalidad, aparece la traducción española del libro de Philipp Blom, Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea (Barcelona, Anagrama, 2012), una obra tan amena como rigurosa, tan poco académica como muy atractiva; una lectura deseable que pone ante nuestros ojos las claves de unas vidas y obras cuya frescura nos tonifica, y cuyo ejemplo nos sigue resultando imprescindible.

Separada de los ilustrados moderados y deístas (Voltaire, Kant, o el paranoico Rousseau, que renegó a ultranza de sus, en un primer momento, amigos radicales, para simbolizar en adelante la Contrailustración, etc.), la “sinagoga de los filósofos” (como llamó Diderot al salón D´Holbach), reunió a los más jóvenes, prometedores y radicales ilustrados franceses (Diderot, Helvetius, Grimm, Morellet, Marmontel, Raynal, La Mettrie…), hasta seducir con su eco a los ilustrados británicos e italianos ( David Hume, Edward Gibbon, Adam Smith, Galiani, Cesare Beccaria…) y convertirse incluso en un hito del Grand Tour para los viajeros intelectualmente elevados. A todos les unía una idea firme: cambiar el mundo y buscar la felicidad, para lo que había que arremangarse y empezar a desbrozar el camino que el oscurantismo de la Iglesia y la tiranía de los reyes habían obstruido y cortado, sumiendo a los pueblos y las gentes en la ignorancia, la superstición y la miseria. Querían construir una nueva moral, sana, que sustituyera a la vieja y roída del cristianismo, liquidando el aparato clerical de su Iglesia, que perseguía la razón, porque conducía al orgullo de los hombres; y el deseo, que traía la lujuria, obsesiva e inmunda para la Iglesia. Querían implantar una nueva, radical forma de vivir y estar en el mundo, del que había que borrar el lúgubre aspecto que el despotismo de la creencia en Dios había impuesto a los pueblos. Debía ser sustituido todo por la luz de la observación empírica, la demostración científica y el normal desarrollo del deseo y las pasiones humanas, con respeto a las leyes de la naturaleza.

La estrella más rutilante de aquel sistema fue Denis Diderot, el amigo más íntimo y compenetrado de D´Holbach, el sol supremo cuyo brillo ofuscó al gran naturalista Buffon, que no pudo soportar aquel deslumbramiento superior al suyo y abandonó discretamente el salón del barón para pasarse al de Madame Geoffrin, la más grande entre las salonières. Pensador excepcional, irónico, mordaz, conversador fascinante, Diderot había iniciado la tarea, junto a D´Alembert, al frente y como redactor-jefe de la Encyclopédie, cuyo rigor y método, y, desde luego, su tono escéptico y subversivo, bebieron en el gran Diccionario histórico y crítico de Pierre Bayle (1702). Pero, por supuesto, los hilos de la base y salto de su conocimiento y el impulso radical de los philosophes se habían urdido un siglo antes, en el desarrollo de la “filosofía natural” y de la propia ciencia, a través de las obras de Galileo, Newton, Descartes y de la bomba de relojería que supuso para la teología el pensamiento agudísimo de Spinoza. Con todo ello, Diderot y sus radicales enunciaron muy pronto un nuevo planteamiento de la interpretación del mundo y de la vida: el alma y el cuerpo eran la misma cosa, y la naturaleza y sus leyes regían la necesidad, los sentimientos y pasiones de los hombres. A la luz de la ciencia, los misterios que utilizaba la religión para mantener en la ignorancia y sumisión a la sociedad quedaban desvelados, clarificados, desechando para siempre la superchería religiosa, el ardid de los clérigos. El reino de Dios se había acabado. Comenzaba con ellos, con los philosophes del salón D´Holbach, el reinado auténtico de los hombres, una nueva era que conduciría para bien el futuro provechoso y naturalmente placentero de la humanidad entera.

Agustín García Simón es un historiador, periodista y escritor.


Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea.
Philipp Blom.
Traducción de Daniel Najmías.
Ed. Anagrama. Barcelona (2012).

Lee un fragmento de este libro
Si no puedes leer el archivo, descárgate Adobe Digital Editions (gratis).

sábado, 20 de febrero de 2016

'Los derechos del hombre de Thomas Paine', por Christopher Hitchens

'Los derechos del hombre de Thomas Paine'

Christopher Hitchens

DEBATE

Thomas Paine fue uno de los padres fundadores de Estados Unidos y una de las grandes figuras de la Ilustración. Su lucha contra el racismo, la esclavitud, el sexismo y el dogmatismo religioso tiene como cima Los derechos del hombre, un encendido panfleto en defensa de la democracia que publicó en 1791, espoleado por los ataques a la Revolución francesa. Paine escribió un apasionado alegato en defensa de los derechos inalienables del hombre que desde su publicación ha sido celebrado, criticado, rechazado, suprimido y tergiversado.

Dos siglos más tarde, Christopher Hitchens, el intelectual más estimulante de las últimas décadas y digno sucesor de Paine, analiza esa obra y se asombra de su clarividencia y su espíritu polémico, para demostrar que «en una época en que los derechos y la razón están siendo atacados, la vida y los escritos de Thomas Paine son parte fundamental del arsenal del que dependemos».

Reseñas:
«Un retrato brillante... Una fantástica introducción a la vida y obra de Paine... Hitchens continúa siendo un gran escritor, y un pensador fundamental.» Prospect

«Como con toda la obra de Hitchens, merece la pena leerlo y discutir con él.» Kirkus

«Hitchens escribe con la poderosa prosa que lo caracteriza.» Publishers Weekly

 

Introducción

En Estados Unidos, desde muy temprana edad los niños aprenden a cantar «My Country, 'Tis of Thee», cuya estrofa principal dice:

Mi país, es de ti,
dulce tierra de libertad,
es de ti de quien canto.
Tierra donde mis padres murieron,
tierra del orgullo de los Padres Peregrinos.
Desde todas las laderas de las montañas,
¡que resuene la libertad! (*)

Es la típica cancioncilla sentimental, pero se ganó la inmortalidad por obra y gracia del gran Martin Luther King, a causa del inolvidable discurso que este pronunció en la escalinata del Memorial Lincoln en el momento más álgido de la marcha sobre Washington, una marcha a favor de los derechos humanos que tuvo lugar en la primavera de 1963. Al incluir en su oratoria las familiares estrofas que todos habían aprendido en la escuela, pidió que la libertad resonara desde las cimas de todas las colinas, al norte y al sur, desde New Hampshire hasta California, y bajando por el Mississippi, hasta que la promesa formulada en los orígenes de Estados Unidos se hubiera cumplido para todos sus ciudadanos. «Para que Estados Unidos llegue a ser una gran nación -proclamó Martin Luther King-, esta promesa ha de hacerse realidad.»

 

(*)Para consultar el texto original, véase «Notas», p. 225.

[Adelanto del libro en PDF] por cortesía de El Boomeran(g), blog literario en español.